lunes, 29 de noviembre de 2021

 Podría parecer a primera vista que la actitud chan hacia el lenguaje es un rechazo intransigente de las palabras, pero los textos muestran de hecho algo muy distinto, y sería más exacto decir que hay una cierta desconfianza hacia la palabra escrita y la comprensión intelectual (Arnau, 2012: 4)

Con respecto al lenguaje en general, sin embargo, la posición chan parece inclinarse más hacia una crítica del dualismo habla/silencio que hacia un rechazo incondicional de la expresión verbal. Con frecuencia se dice que el silencio literal no es menos habla (expresión simbólica) que las palabras. De modo que la experiencia de lo inefable se definiría mejor mediante la superación de la dualidad expresable/inexpresable. (Arnau, 2012: 4)

Con el chan, la idea de una experiencia religiosa más allá de las dualidades implícitas en el lenguaje tomó forma en un sistema de símbolo en el que las palabras, utilizadas como «palabras contempladas» (k’an-hua), no eran elementos del pensamiento discursivo que pudieran analizarse mediante la reflexión, sino que funcionaban como expresiones que deberían provocar una experiencia especial, algo que no ocurre con el uso corriente del lenguaje. (Arnau, 2012: 6)

Se trata de una declaración pública que «pone fin a la comprensión privada»; es la palabra sagrada cuya ley define los límites de la experiencia individual y, por extensión, los límites de lo que puede decirse. (Arnau, 2012: 10)

El kōan, como el mantra, pasa de ser una herramienta de concentración a convertirse en el estado mismo de concentración (Arnau, 2012: 10)

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