Al morir Siddartha no dejó ningún un poder
central o una autoridad cuya voluntad fuera la última palabra para la
comunidad, en cambio dijo que en su lugar se quedaban los sutras, la enseñanza.
Al no tener una estructura centralizada, el budismo ha sido muy diverso desde
sus inicios.
A los tres meses de la
muerte del Buddha, en 483 a. C., Mahā-Kaśyapa, cuyo estado de
iluminación fue reconocido por Siddartha mismo y a quien dejó como preceptor de
la comunidad de monjes, convocó el primer concilio budista (saṃgīti). Duró cerca de siete meses y en
ellos se recitaron los sutras y las reglas monásticas. No olvidemos que en este
punto de su historia el budismo era una tradición oral y la conservación de los
textos se repartió entre aquellos que memorizaron los diálogos (sūtra) y quienes memorizaron las reglas
monásticas (vinaya). Sin embargo, no
todas las comunidades de monjes que se crearon después del concilio conservaban
los mismos sutras ni seguían el mismo código de conducta, aunque compartían el
mendigar la comida y llevar una vida itinerante, estableciendo campamentos sólo
durante la época de lluvias[1]. Esta forma de vida tan sencilla
hace casi imposible encontrar vestigios arqueológicos de esa época tan temprana
del budismo. Los documentos que hacen referencia a este periodo fueron escritos
casi cinco siglos después y los datos que proveen están viciados por los
intereses y el perfil particular de la secta que los produjo[2]. Aun así, sabemos que hubo
un segundo concilio, cien años después del primero, para discutir sobre los
monjes de la tribu Vriji de Vaiśālī, quienes recibían ofrendas de oro y plata
de los creyentes laicos. Estos monjes Vriji argumentaban que las condiciones en
su ciudad habían cambiado y necesitaban reglas monásticas que se adaptaran a su
nueva circunstancia, los monjes más ancianos condenaron estas prácticas y a la
larga, este enfrentamiento contra un modelo conservador conduciría al primer
cisma de la comunidad budista[3].
Ya comenté que es poca la
información sobre este periodo, pero al parecer la primera escisión registrada
sucedió entre aquellos pertenecientes a la llamada “gran comunidad” (los mahāsaṁghika)
y los denominados “antiguos” (sthavira).
La escuela Lokottaravāda era del
primer grupo, al segundo correspondía la escuela Theravāda, que es conocida como “la palabra de los viejos” y que se
puede identificar con el llamado Hinayana
o el Pequeño vehículo, diferente a lo que después se conocería como mahāyāna o Gran vehículo[4].
Lo que produjo esta
escisión fue que la escuela mahāsaṁghika cambió el ideal del arhat por el de Bodhisattva. Arhat es
como se le conocía en el budismo más primitivo a quien seguía y practicaba la
enseñanza del Buddha con el fin del liberarse (personalmente) del saṁsāra; el bodhisattva sería un arhat que decide retardar su liberación,
es decir seguir renaciendo una y otra vez hasta que haya liberado a todos los
seres sintientes, por lo que se considera que nunca terminará de extinguirse,
pues los seres son innumerables. Esta modificación será esencial para lo que
después se conocerá con el nombre de budismo mahāyāna.
En sus inicios, alrededor
del siglo I de nuestra era, lo que después será el mahāyāna comenzó como un
movimiento desperdigado por toda la India, en un contexto monástico. En este
momento se podía participar del mahāyāna aun dentro de un grupo que no lo fuera,
sin que hubiera una separación dentro de la comunidad de monjes. Poco a poco,
el mahāyāna produjo o sacó a la luz varios textos que se hacían pasar por la
palabra del Buddha (buddhavacana)
aunque lo más probable es que hayan sido redactados con siglos de posterioridad
a la muerte de Siddartha.
La explicación que se
daba sobre el tiempo que estos sutras habían permanecido ocultos, algunos la
basaban en el Siṃsapā sutta, donde se
cuenta que mientras el Buddha estaba con sus discípulos en un bosque, tomó un
puñado de hojas en su mano y les preguntó: ¿Cuáles son más numerosas, las pocas
hojas que he tomado en mi mano o las de los árboles del bosque? A lo que los bhikkhūs respondieron que las del bosque
eran más numerosas. “Así también, bhikkhūs,
las cosas que he conocido mediante el conocimiento directo son más; las que os
he enseñado son sólo unas pocas”[5].
Algunas escuelas decían
que los sutras mahāyāna explicaban las enseñanzas esotéricas, conocidas desde
el principio, porque Buddha sabía que era conocimiento muy profundo y sería
malinterpretado por los oyentes de su tiempo. Después de pronunciar estos
sutras, tenían que desaparecer hasta el momento en que pudieran ser revelados[6]. Algunos de estos sutras
secretos se escondieron en algún cielo o cuevas, a veces en un cofre de piedras
preciosas situado en el fondo del mar y protegido por dragones, podían ser
oídos de forma milagrosa, y puestos por escrito por alguien con el poder de la
clariaudiencia. Además de la figura del Bodhisattva,
en estos sutras también se habla sobre la doctrina del vacío (Prajñaparamita sutra) y temas que para
oídos occidentales se parecen mucho a los tratados por la metafísica, cosa que
en el primer periodo del budismo era dejada de lado.
Esta fue la forma de
budismo que más se popularizó fuera de India; se arraigó, modificándose según
las tradiciones e idiosincrasia de cada lugar, en Tíbet, Korea y China. Los
budismos Chan y Tibetano tienen su raíz en el budismo mahayana.
[1] Juan Arnau, “¿Qué fue el budismo
mahāyāna?”, artículo en PDF consultado en línea el 13/02/2019,
http://revistas.ucm.es/index.php/ILUR/article/viewFile/37691/36473, p. 2
[2] Edward Conze, Breve historia del budismo, trad. Mauro Hernández, Madrid,
Alianza, 1983, p. 18)
[3] Ado Parakranabahu, Op.cit., pp. 254-255.
[4] Los primeros textos que pueden
considerarse mahāhāyana, los sūtra de la prajñāpāramitā,
(…) expresaban cierta afinidad con algunas de las ideas que probablemente
fueron desarrolladas por la escuela lokottaravāda de los mahāsaṁghika. (Juan
Arnau, Op. cit., p. 3.)
[5] Siṃsapā sutta en Ado Parakranabahu (trad.), Op.cit., p. 246.
[6] Donald S. Loéz, El buddhismo. Introducción a su historia y
sus enseñanzas, trad. Ferran Mestanza, Barcelona, Kairós, 2009, p. 111.
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