lunes, 17 de agosto de 2020

del artículo José Watanabe: la increíble historia del poeta es revelada en TV japonesa (Harumi Watanabe)

Era un fantasma que vino de lejos, uno de los tantos japoneses que llegaron al Perú en las oleadas migrantes de entre 1899 y 1923. Él lo hizo en 1919, se supone que a Lima, aunque luego se trasladó al norte (un movimiento común en la época). Se casó con la peruana Paula Varas, se asentaron en la pequeña Laredo, distrito de Trujillo, y pese a la pobreza tuvieron 13 hijos (dos murieron cuando apenas tenían meses de nacidos).

 hablaba japonés, dominaba el francés y aprendía rápido el español, pero callaba en los tres idiomas. Un mutismo que compensaba con su afición por la pintura, trazando paisajes del Japón de sus recuerdos, de un pasado sobre el que nunca hablaba.

El año pasado [2016], durante una visita al Japón, la artista visual Maya Watanabe –otra de las hijas de José– fue contactada por unos reporteros de la cadena de televisión pública NHK, la más importante del país. Tal vez atraídos por la curiosa hibridación peruano-japonesa del poeta, se ofrecieron a ayudarla en la búsqueda de sus antepasados, con la condición de que todo sería editado y transmitido a través de la señal abierta. La propuesta, además de insólita, parecía justa. Y tampoco había mucho que perder.

La búsqueda se sustentó, sobre todo, en los registros familiares oficiales que rigen en Japón y que se denominan koseki. Se trata del documento de su tipo más antiguo del mundo, utilizado desde hace más de 1.000 años, en el que se vuelcan todos los acontecimientos que marcan la vida del japonés promedio: nacimientos, matrimonios, divorcios, incidentes policiales, defunciones, entre otros.

Lo cierto es que el instrumento los llevó a un primer descubrimiento: que el verdadero apellido de Harumi era Hasegawa, pues recién recibió el de Watanabe cuando tenía 20 años, al ser adoptado por su nueva familia. Y es que en Japón era muy popular (hasta no hace demasiados años) que las familias heredaran sus bienes solo a su primogénito varón, de modo que los demás hijos podían ser acogidos por otras familias que, por ejemplo, solo tenían hijas mujeres.

pasó de llamarse Harumi Hasegawa a ser Harumi Watanabe en 1916, y se mudó de su natal Iwakuni a Takahashi para convivir con su nueva familia. No era un desplazamiento extraño por entonces, pero quizá sacudido por un impulso rebelde, Harumi no aguantó ni tres años con esa nueva vida y a los 23 decidió cruzar el Pacífico. (...) Al escalar en el árbol genealógico de los Hasegawa, se reveló que no fueron una familia cualquiera, sino una compuesta por samuráis, que además sirvieron a los Kikkawa, un poderoso clan asentado en Iwakuni, su localidad de origen.

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