lunes, 10 de agosto de 2020

victor vich, el materialismo "real" de josé watanabe, iberoamericana, X, 37 (2010), pp. 119-134

Lo poco que se ha escrito sobre ella ha intentado reconstruir un imaginario personal a partir de su lugar de origen, sus relaciones familiares, su bestiario animal y, ciertamente, sus vínculos con el pasado cultural japonés. Su poesía ha sido descrita como "insular" dentro de la tradición de los años setenta en el Perú y se ha subrayado la voluntad por construir una opción estética que marca sus silencios y que es contraria a toda expansión retórica. Hijo de migrante nipón y una madre natural de Otuzco (en el departamento de La Libertad).

Desde el punto de vista formal, se ha dicho que su poesía destaca (...) por el carácter esencialmente visual de sus versos. (...) Se ha señalado, por lo mismo, que en su poesía la mirada se presenta como un agente estructurante de los versos (...) es la mirada la que fija al sujeto en una determinada posición y es la que proporciona el marco desde donde el sujeto se constituye como tal. (p. 119)

"un ojo meditativo", que al mismo tiempo que describe lo que observa siempre termina por inscribirse, reflexivamente, en ese propio marco. De ahí también el carácter parcialmente trágico de esta poesía; de ahí su fractura y su incesante juego entre lo dicho y lo contenido.

"la proyección objetiva de sus propios conflictos" (cita de Eduardo Chirinos que incluye vich en la p. 120)

Me parece que en todo su proyecto poético la naturaleza será entendida como algo perdido al nivel del lenguaje pero curiosamente redefinido al nivel de la experiencia. (...) sus principales poemas proponen la representación de una derrota del lenguaje frente a la contundencia del mundo natural y que por lo mismo ocurre en ellos una redefinición de las posiciones materialistas tradicionales. (p. 120)

Este tipo de imágenes corresponde con una estética típicamente romántica, aquella que conceptualiza a la naturaleza como un lugar absoluto y trascendental. En efecto, los poetas románticos rechazaban el artificio y la cultura, y colocaban al mundo natural como puro y trasnsparente, donde el objetivo parecería intentar fusionarse con él. (p. 121) -en la siguiente página vuelve a mencionar a los románticos pero para señalar una diferecia que watanabe tiene con ellos: "No se trata, como en los románticos, de imaginar la posible re-unidad del mundo sino, más bien, de subrayar la separación y la brecha (...) mostrar la fisura y el puro vacío que las media y que el sujeto debe afrontar"-

la voz poetica se desdobla reflexivamente para increparse a sí misma: "ay poeta, / otra vez la tentación /de una inútil metáfora"

 una realidad irrepresentable; vale decir, de algo que se resiste a ingresar al lenguaje y que vence a todas las herramientas con las que el poeta cuenta. (...) La piedra se basta a sí misma y entonces se propone como sustancialmente diferente con el ser humano. Puede decirse entonces que la pidra derrota al significado y que termina posicionándose por muy encima de él. Con humildad, el poeta señala el carácter textualmente artificioso de lo existente y revela la inevitable fisura entre el hombre, el lenguaje y el mundo natural. Lo humano, se nos dice, es sólo una metáfora, un puro juego de significantes.

en la poesía de Watanabe nos encontramos ante una especie de victoria del mundo material sobre la metafísica del significado (p. 122)

Para lacan hay algo que se queda "fuera" del discurso, que el orden de lo simbólico nunca puede llegar a atrapar. Aquello es lo Real, una dimensión que surge como el resto irrepresentable luego del conjunto de simbolizaciones existentes. Lacan sostiene que lo Real es algo que siempre retorna para desestabilizar nuestra propia imagen de lo simbólico.
Quiero proponer entonces que la poesía de Watanabe representa un esfuerzo por marcar el hiato entre el orden simbólico y lo Real; vale decir, que su poesía reconoce tal entrampamiento en el lenguaje y que da cuenta de que algo muy importante termina siempre por quedarse fuera de él.
(...) la crítica a la poesía es producida por la poesía misma; la desconfiaza en el verso encuentra expresión cabal en el propio verso. (...) Aunque se dedique a denunciarlo y aunque desconfíe profundamente de él, la poesía está siempre atrapada en lo simbólico
(...) La belleza parece estar más en la naturaleza que en la literatura, y la literatura no puede aprehenderla sin dejar restos de su imposibilidad. En ese sentido, la poesía ya no es un discurso que tenga como objetivo describir lo existente ni imaginar una realidad alternativa sino señalar, más bien, aquello que nunca se puede describir. Ocurre, por lo mismo, una redefinición del sujeto que enuncia: el poeta ya no es quien representa "mejor" la realidad sino quien reconoce la absoluta imposibilidad de representarla (p. 124).

aquello que está más allá del lenguaje pero que, a través de él, podemos siempre intuir (pp.124-125)

Se trata, por lo general, de imágenes que ponen en un primer plano el hiato y la desconexión; más aún, la permanente tensión entre la experiencia física y su representación simbólica (p. 126)

...............Este poema [jardín japonés] es la descripción del famoso "jardín seco" del templo de Ry?an-ji en la ciudad de kyoto en Japón. El nombre significa "el templo donde se calma el dragón" y se trata de un lugar budista, más específicamente, de la facción zen (...) Para algunos, el jardín es una representación de las montañas entre las nubes; para otros es la del mar y sus islas. En todo caso, suele decirse que la interpretación del jardín depende de la meditación íntima de cada persona; vale decir, de lo que suceda en el espíritu al disponerse frente a él
(...) Este jardín, por el contrario, no impone ningún significado; más bien promueve el ingreso a un espacio cifrado más allá de un sentido único y uniforme
(...) De hecho, el jardín invita a suspender nuestra relación con el lenguaje
En efecto, es el lenguaje la instancia que crea la ilusión de que el mundo es estable y ordenado. (...) el predominio del aspecto visual da cuenta de una opción que trae consigo una rotunda crítica del lenguaje (p. 128)

No podemos dejar de simbolizar aunque sepamos bien que esa simbolización trae inevitablemente consigo una dimensión del fracaso (p. 129)

cuidar el hielo bajo el sol puede ser una labor absurda, pero el punto radica en sostener que en la aceptación de una tarea aparentemente inútil es donde se define buena parte de la construcción de la identidad humana (p. 131) [me recuerda ese verso de Borges en fragmentos de un evangelio apócrifo: "nuestro deber es contruir como si fuera piedra la arena".

 La "verdad de la vida" parecería residir en tener que aceptar que hay algo en el sujeto que está fuera de control y que se encuentra totalmente ajeno a la voluntad humana. Me parece que esta aceptación de lo eminentemente inevitable es un elemento central y que le resta al poema un componente trágico, de estirpe romántica, [otra con los románticos] que podría producir nostalgia por el absoluto perdido. No hay aquí, en efecto, angustia ni mucha melancolía: solo dignidad para aceptar las duras condiciones del juego (p. 132) [en términos budistas, sería contemplar la realidad como es, esto es efímera, contingente, "los fenómenos se transforman en vacío y el vacío eb fenómenos", el énfasis del budismo siempre está puesto en la impermanencia de todo lo que existe, esta impermanencia es lo único real]

la condición del poeta es representar lo irrepresentable, el objeto a (en la teoría lacaniana), la causa del deseo, aquellas formas o significados que se están desvaneciendo. A pesar de lo inútil de dicha tarea, a pesar de no poder nombrar lo innombrable, la poesía se propone insistir una y otra vez en lo mismo: no importa que el hielo se derrita y que las palabras no alcancen, sólo importa estar ahí apuntando hacia dicho objetivo. (...)
(...) la acción tiene que realizarse sin justificaciones [todas serían igualmente efímeras y parciales] (p. 133)

fragmento de una entrevista citado en este articulo: Por eso yo soy el testigo de lo transitorio, eso es. Finalmente mi papel cuál es, cuidar el hielo, cuidar lo transitorio, lo fugaz, los signos que huyen. Lo hermoso de todo eso es que ves que todo huye, que todo fuga, que hay que amar rápido, que hay finitud y sin embargo escribes, rescatar algo de todo eso, lo conviertes en poema. Por eso escribo sobre el fenómeno poético porque me sorprende a pesar de todo eso, un rescate que el hombre, que tiene una capacidad infinita de sufrir, a pesar de estar en el estado más doloroso, en el estado más deprimido en que está, yo he estado mal, hasta las patas y he estado pensando en un poema. Eso me ha ayudado mucho, o pensaba no en mis poemas sino en otros. Siempre he repetido, cuando estaba mal hace años, siempre repetía de memoria ese verso de Vallejo, lo he dicho en alguna entrevista: "Quiero vivir aunque sea de barriga" (Huamán/Vega 1999:50)

1 comentario:

  1. desengaño por la fugacidad y desengaño por la imposibilidad del signo

    ResponderEliminar