La palabra wabi procede del verbo wabu que significa languidecer, y del adjetivo wabishi, que se usaba para describir los sentimientos de soledad, desolación y desdicha. Sin embargo, los literatos de los periodos Kamakura y Muromachi usaron estas connotaciones tan negativas de una forma mucho más positiva: para expresar una vida que se había liberado del mundo material. Una vida de pobreza era el ideal del zen (…) encontrar la paz y la armonía en una vida de lo más sencilla. (p. 74)
El poeta Fujiwara No Toshinari fue uno de los primeros que usó la palabra sabi en el sentido literario para transmitir una sensación de desolación, empleando la imagen de unos juncos que se habían marchitado a causa de la escarcha. Este uso de la palabra sabi fue aumentando, al igual que ocurrió con el espíritu de absoluta soledad e irrevocabilidad que implicaba el término. (p. 74)
Los japoneses (…) procuran utilizar el efecto emocional que la muerte provoca para que sus acciones sean más fuertes y poderosas. Con esta fuerza también surge una sensación de inconsolable desolación, y es para expresar esa sensación que la palabra sabi suele usarse (…) toma los aspectos negativos de la vejez, la soledad y la muerte y los imbuye de una sensación de belleza (p. 75)
El mundo del momento presente, no definido por el lenguaje o los valores, que constituye una pura experiencia de la realidad (p. 76)
Para ser más concretos, se podría decir que la palabra wabi suele asociarse con el estilo de vida, mientras que la palabra sabi se usa con frecuencia para describir las características físicas de los objetos de formas sobrias y sencillas que transmiten una sensación de impermanencia (p. 76)
Encontrar un sereno equilibrio entre su pasión por vivir y el ineludible vacío que le espera (p. 77)
El wabi sabi es una intuitiva apreciación de la belleza evanescente del mundo físico que refleja el irresistible fluir de la vida en el mundo espiritual. Es una comprensión de la belleza que reside en lo modesto, lo rústico y lo imperfecto, o incluso en lo decadente, una sensibilidad estética que halla una melancólica belleza en la impermanencia de las cosas (p. 78)
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